SORDOMUDOS Y SU FORMA DE COMUNICARSE.

  Marleny Zabala duque.
  





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EL MUNDO DE LOS SORDOMUDOS


 
 

Me di cuenta que era sordomudo cuando hizo su primer gol, inmediatamente corrió a abrazarme porque le había puesto un pase justo pero me extrañó que no gritara el gol, ni siquiera alguna otra intejección propia del fútbol, sino simplemente emitía sonidos ininteligibles.

 
 
Por Antonio Martínez, en 2 de Junio de 2008

Recuerdo que mi primer acercamiento y, ahora que lo pienso bien, mi única amistad con una persona sordomuda fue en la escuela. Para ser exactos no fue precisamente dentro del año escolar regular sino más bien durante el período de las llamadas vacaciones útiles. En efecto, era el año en que pasaría al quinto año de la primaria pero antes me matricularon en algunas actividades deportivas impartidas por mi propia escuela. Tres veces por semana acudía a mi escuela en horas de la mañana y por espacio de dos horas recibía clases de fútbol junto con mis compañeros. Las clases eran de carácter abierto en ese entonces y no sólo me reencontraba con compañeros de promoción sino que había otros niños que nunca en mi vida había visto.

La mayoría de ellos eran primos o hermanos de mis compañeros de promoción pero había un chico que no parecía ser referido de nadie, se le notaba tímido pero a la vez muy entusiasmado con la idea de jugar fútbol. Desde el primer día de entrenamientos, noté que era bastante veloz, sacaba ventaja fácilmente en los piques cortos de los ejercicios sin balón. Pero la mayor sorpresa vino a continuación cuando fue hora de cuadrarse en la cancha para cerrar las clases con un encuentro de una hora de duración dividido en dos tiempos de treinta minutos cada uno.

Quien escribe, siempre destacó en la posición de medio campista y dentro de mi equipo, incluyeron a este chico cuyo nombre no puedo recordar. El hecho es que resultó un gran dominador del balón, siempre tenía velocidad y la pelota pegada a los pies, un gran control sobre el esférico y se me hizo muy fácil jugar con él. Noté que teníamos una comunicación en otro nivel, parecía dar lectura anticipadamente a mis movimientos con el balón y siempre lo encontraba desmarcado para recibir mis pases. Todo aquel verano formamos una buena dupla y nuestro equipo se cansó de ganar


BOGOTA, 28 DE SEPTIEMBRE DE 20009
 
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